Cómo ahorrar dinero según tu edad: guía práctica para cada etapa de la vida

Cómo ahorrar dinero según tu edad: guía práctica para cada etapa de la vida

21/10/2026

Ahorrar no consiste únicamente en reservar el dinero que queda a final de mes. Crear un hábito de ahorro permite prepararse para imprevistos, afrontar proyectos importantes y construir una mayor estabilidad financiera a lo largo del tiempo. 
 
Sin embargo, las prioridades económicas cambian con los años. Los primeros ingresos, la compra de una vivienda, la llegada de los hijos o la proximidad de la jubilación pueden modificar tanto nuestra capacidad de ahorro como los objetivos para los que reservamos dinero.

Por eso, el Día Mundial del Ahorro puede ser un buen momento para revisar nuestras finanzas y comprobar si la estrategia que seguimos continúa adaptándose a nuestra situación actual.

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El Día Mundial del Ahorro se celebra cada 31 de octubre y pone el foco en la importancia de adquirir hábitos que ayuden a gestionar mejor las finanzas personales.

Más allá de una fecha concreta, revisar periódicamente nuestra situación económica permite saber cuánto ingresamos, en qué gastamos el dinero y qué cantidad podemos reservar para objetivos futuros.

Una forma sencilla de empezar consiste en elaborar un presupuesto que diferencie entre necesidades, gastos personales y ahorro. El método 50/30/20, por ejemplo, propone utilizar el 50 % de los ingresos para necesidades, un 30 % para deseos y reservar un 20 % para el ahorro. Sin embargo, estos porcentajes funcionan como una referencia y deben adaptarse a la realidad económica de cada persona.

Lo verdaderamente importante es incorporar el ahorro al presupuesto de manera periódica, incluso cuando inicialmente la cantidad disponible sea pequeña. A medida que cambian los ingresos y las responsabilidades, el plan puede revisarse para aumentar o redistribuir las aportaciones.

Entre los 20 y los 30 años suelen producirse importantes cambios económicos: primeros empleos, independencia del hogar familiar, alquiler, formación, viajes o los primeros grandes proyectos personales.

Los ingresos pueden ser todavía irregulares y la capacidad para ahorrar limitada. Por ello, más que alcanzar inmediatamente una determinada cantidad, puede resultar útil construir un hábito que pueda mantenerse en el tiempo.

Uno de los primeros objetivos puede ser crear un fondo de reserva para afrontar gastos inesperados sin tener que recurrir inmediatamente al crédito. La cantidad necesaria dependerá de los gastos habituales, la estabilidad de los ingresos y las circunstancias personales.

Una vez creado ese colchón, pueden empezar a definirse otros objetivos: realizar una formación, comprar una vivienda, cambiar de coche o comenzar a preparar metas a largo plazo.

Una de las dificultades más habituales consiste en intentar ahorrar únicamente aquello que queda disponible al finalizar el mes. Si los gastos van aumentando, es posible que esa cantidad termine siendo muy pequeña o desaparezca.

El preahorro propone invertir el proceso: reservar una cantidad cuando se reciben los ingresos y organizar después el resto de los gastos.

Automatizar una transferencia periódica hacia una cuenta destinada al ahorro puede ayudar a mantener esta disciplina. No tiene por qué comenzar con una cantidad elevada. Lo importante es elegir una cifra compatible con el presupuesto y revisarla cuando aumenten los ingresos o disminuyan determinados gastos.

Empezar pronto también proporciona más tiempo para alcanzar objetivos de largo plazo. Si posteriormente se decide invertir una parte del capital, disponer de un horizonte temporal amplio permite valorar diferentes alternativas de acuerdo con el riesgo que se esté dispuesto a asumir.

Los primeros salarios también son una oportunidad para aprender a organizar las finanzas personales.

Un esquema sencillo puede consistir en:

  1. Identificar los ingresos netos mensuales disponibles
  2. Registrar los gastos fijos, como vivienda, suministros o transporte
  3. Analizar los gastos variables para detectar cuáles pueden ajustarse
  4. Reservar una cantidad para el ahorro antes de asumir nuevos gastos recurrentes
  5. Definir objetivos concretos, diferenciando entre necesidades a corto plazo y proyectos de varios años

Conocer bien el presupuesto permite fijar una cantidad de ahorro realista sin comprometer los gastos necesarios.

Entre los 40 y los 50 años las prioridades pueden ser muy diferentes a las de décadas anteriores. Es habitual que aparezcan simultáneamente gastos relacionados con la vivienda, hijos, educación, seguros o financiación, mientras la jubilación comienza a convertirse en un objetivo menos lejano.

Por este motivo, esta etapa puede ser adecuada para revisar el patrimonio acumulado y comprobar si el ritmo de ahorro es coherente con los objetivos pendientes.

No existe un porcentaje que todas las personas deban alcanzar al cumplir 40 o 50 años. Alguien que todavía está pagando una hipoteca y tiene importantes cargas familiares tendrá una situación distinta a otra persona con la vivienda pagada y menores gastos recurrentes.

Lo importante es evitar que un aumento de los ingresos se traduzca automáticamente en un incremento equivalente del nivel de gasto y aprovechar, cuando sea posible, parte de esa mejora para reforzar el ahorro.

Durante estas décadas pueden coincidir algunos de los mayores compromisos económicos de la vida. Por ello, el presupuesto debe contemplar tanto los gastos actuales como la protección frente a situaciones inesperadas.

Mantener un fondo de reserva continúa siendo importante incluso cuando ya existe patrimonio acumulado. Tener inversiones o una vivienda no significa necesariamente disponer de dinero inmediatamente accesible ante una emergencia.

También puede ser útil revisar periódicamente deudas y gastos recurrentes. Cuando termina una financiación o disminuye un gasto importante, parte de esa cantidad puede redirigir automáticamente al ahorro en lugar de incorporarse por completo al consumo mensual.

A medida que aumenta el patrimonio puede surgir la duda entre ahorrar o invertir.

Aunque ambos conceptos están relacionados, no significan exactamente lo mismo. El ahorro suele estar orientado a conservar dinero para necesidades y objetivos, mientras que invertir supone asumir un determinado nivel de riesgo buscando obtener una rentabilidad.

Antes de invertir conviene tener en cuenta el objetivo, horizonte temporal, necesidades de liquidez y tolerancia al riesgo. No debería destinarse a una inversión dinero que pueda necesitar a corto plazo sin comprender previamente las condiciones del producto.

Además, distribuir el patrimonio entre diferentes activos puede ayudar a diversificar determinados riesgos, aunque ninguna estrategia de inversión permite eliminarlos por completo.

En función de las necesidades y objetivos, los seguros de ahorro pueden formar parte de la planificación financiera junto con otras alternativas de ahorro e inversión.

A medida que se aproxima la jubilación, el foco financiero puede desplazarse progresivamente desde la acumulación de patrimonio hacia cómo organizar el capital disponible y complementar los futuros ingresos.

El primer paso es hacer una estimación de los gastos que probablemente se mantendrán durante la jubilación y compararlos con los ingresos previstos. Vivienda, alimentación, suministros, ocio o determinados gastos familiares seguirán formando parte del presupuesto, mientras que otros pueden reducirse o cambiar.

Si existe una diferencia entre los ingresos previstos y el nivel de vida que queremos mantener, conocerla con antelación permite valorar diferentes opciones y adaptar la planificación.

Los planes de pensiones pueden ser una de las herramientas utilizadas para complementar la jubilación, siempre teniendo en cuenta sus características, fiscalidad, liquidez y condiciones de rescate.

A partir de los 60 años, la estrategia financiera debe seguir adaptándose a las circunstancias personales. La cercanía de determinados objetivos puede hacer que cambien las necesidades de liquidez o el nivel de riesgo que una persona está dispuesta y puede asumir.

Por eso resulta útil revisar:

  • Los ingresos que se esperan recibir durante la jubilación
  • Los gastos habituales y posibles necesidades extraordinarias
  • El dinero que conviene mantener disponible para imprevistos
  • El horizonte temporal de los diferentes ahorros e inversiones
  • El nivel de riesgo asumido en relación con los objetivos

Cumplir años no obliga automáticamente a realizar determinados cambios financieros. Lo importante es que la estrategia continúe siendo coherente con las necesidades, los objetivos y la situación económica de cada persona.

Porque los ingresos, gastos y objetivos cambian a lo largo de la vida. En los primeros años puede ser prioritario crear un fondo de reserva, mientras que posteriormente pueden ganar importancia la vivienda, la familia o la preparación de la jubilación.

No existe un porcentaje válido para todas las edades y situaciones. Reglas como el 20 % del método 50/30/20 pueden servir como referencia, pero la cantidad adecuada depende de los ingresos, gastos, deudas y objetivos. Lo importante es establecer una cifra sostenible y revisarla a medida que cambian las circunstancias.

Sergio Ramírez
Colegio Mediadores de Seguros de Madrid: 78082

Desde 1999, Sergio Ramírez ha trabajado en MLM Seguros (Agencias Allianz), ocupando diversos roles. Su experiencia en seguros e inversiones le permite ofrecer soluciones personalizadas. Actualmente, gestiona un patrimonio significativo con su equipo y apoya nuevos proyectos con el mejor asesoramiento.

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